Confirman primer caso de gusano barrenador en Chihuahua. El sector ganadero reporta pérdidas superiores a 2,000 mdd y alerta por impacto en exportaciones.

Crisis regional. La confirmación del primer caso de gusano barrenador del ganado en el estado de Chihuahua ha intensificado las preocupaciones en el sector agropecuario mexicano. Esta plaga, que ya se ha extendido a gran parte del territorio nacional, representa una amenaza crítica para una de las regiones más importantes en la exportación de reses, con pérdidas económicas acumuladas que superan los 2,000 millones de dólares anuales.

Acciones de contención y control

Ante el brote, la Secretaría de Desarrollo Rural de Chihuahua y autoridades federales han activado protocolos de emergencia:

  • Zona de saneamiento: Se estableció un cerco focal de 20 km y una zona perifocal de 40 km con inspecciones constantes, trampas y tratamientos.
  • Movilización segura: Es obligatorio que todo ganado que entre o salga de la entidad cuente con certificado de aplicación de ivermectina e inspección física previa al sacrificio.
  • Estrategia biológica: Senasica coordina la liberación de insectos estériles y ha potenciado la capacidad de producción en la planta de Chiapas, que busca alcanzar 180 millones de moscas estériles por semana.

Impacto económico y comercial

Jorge Esteve Recolons, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), advirtió que los costos de no haber contenido la plaga en la barrera del Darién han resultado insostenibles. La emergencia ha tenido consecuencias directas en:

  • Exportaciones: Estados Unidos mantiene los puertos fronterizos cerrados al ganado mexicano desde noviembre de 2024, una medida que el CNA considera carente de fundamentos científicos de regionalización.
  • Producción y empleo: La plaga amenaza empleos rurales y la productividad pecuaria nacional.

"Prevenir cuesta uno, remediar cuesta 10 y una falla catastrófica cuesta 100", afirmó Esteve Recolons, quien instó a una mayor colaboración entre la iniciativa privada y el Gobierno para fortalecer la infraestructura sanitaria y enfrentar futuros riesgos, como la influenza aviar o la peste porcina.